
Para la mayoría de las personas, la necesidad de un seguro de vida surge, sobre todo, cuando se tienen responsabilidades familiares. Es, por tanto, un producto cuya demanda va en aumento según se va avanzando en la edad adulta. No obstante, conviene tomar conciencia de esta necesidad cuanto antes, porque la edad es uno de los factores que afectan tanto al precio como, también, a la posibilidad de contratar el seguro.
Para poder acceder a un seguro de vida se establecen límites de edad, tanto por arriba como por abajo. Por exigencia legal, solo las personas mayores de edad pueden contratarlo. Por otro lado, las limitaciones no son legales, sino establecidas por las propias entidades que restringen la suscripción de este tipo de seguros a las personas mayores, de manera que, a partir de los 60 años, los clientes suelen encontrar mayores dificultades. Para muchas aseguradoras, el tope de edad se sitúa en torno a los 65 años.
Una vez que se presenta la solicitud de seguro, el tomador deberá presentar cierta documentación, que incluirá, como mínimo, el documento oficial que acredite la identidad del asegurado. Asimismo, tendrá que aportar información sobre las personas designadas como beneficiarias del seguro en caso de siniestro y sobre su vinculación con el asegurado.
Entre los requisitos básicos del seguro, están el establecimiento de un capital asegurado, que debe quedar especificado en el contrato de seguro, y el pago de la prima correspondiente, sin el cual la póliza no tendría vigencia.
Otra de las exigencias habituales es que el tomador debe adquirir la póliza en el país en que tiene su residencia habitual, de manera que no es posible acceder a estas coberturas con aseguradoras de otro país, salvo casos en que existan acuerdos entre Estados para el establecimiento de un mercado único.
Uno de los principios básicos para acceder a una póliza de vida es que exista un interés lícito para su contratación. Muchas compañías pueden rechazar la solicitud o, posteriormente, el pago de la indemnización si se detecta la existencia de que se busca el seguro con fines fraudulentos.

Entre los factores más importantes para las aseguradoras a la hora de aceptar una solicitud de seguro de vida, se encuentra la salud del asegurado. Las razones están claras, pues una persona con graves problemas de salud puede ver reducida sus expectativas de vida, por lo que representa un riesgo mayor.
De ahí que las entidades establezcan como requisito previo la cumplimentación de un cuestionario de salud. En este cuestionario, el asegurado tiene que responder a una serie de preguntas en las que debe ser completamente sincero, pues en caso de que se demuestre la ocultación de una enfermedad preexistente, la compañía podría cancelar la póliza unilateralmente o rechazar el pago de la indemnización.
Además, en la actualidad, cada vez se tiene más en cuenta el estilo de vida del asegurado a la hora de valorar el riesgo. Llevar una vida saludable y no tener malos hábitos como el tabaquismo, el consumo de alcohol o el sedentarismo son factores que favorecen la aprobación por parte de la aseguradora e, incluso, puede dar lugar a una prima más reducida.
De hecho, en algunos casos, ya sea porque el capital asegurado sea muy elevado o por la avanzada edad del asegurado, la compañía de seguros podría exigir la realización de un reconocimiento médico para efectuar una correcta evaluación del riesgo, lo que determinará el importe de la prima del seguro.
Finalmente, es importante conocer otros factores que pueden hacer que determinadas coberturas queden excluidas. Así, la mayoría de las aseguradoras no admiten como asegurados a personas que ejerzan profesiones consideradas de alto riesgo. Es el caso de los policías, bomberos, militares o pilotos de avión.
En esta misma línea, también pueden establecerse exclusiones para aquellas personas que practican deportes de riesgo, como el paracaidismo, el rafting, el alpinismo o la espeleología, entre otros.